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Ismael Guerra vuelve en Fataga

ISMAEL GUERRA VUELVE A RUGIR EN CASA: DIEZ AÑOS DESPUÉS, EL BMW 335i DISPARA LA ADRENALINA EN FATAGA

BMW

El piloto grancanario regresa a la competición al volante de un proyecto construido durante más de un año y se reencuentra con la velocidad en un estreno tan espectacular como exigente

Fataga volvió a sentir el rugido del BMW 335i. Y, al volante, Ismael Guerra volvió a sentirse piloto. Diez años después de su última participación como piloto, Guerra regresó a la competición en casa. Lo hizo con un proyecto nacido de la pasión, levantado desde cero y con más de un año de trabajo detrás.

La espera terminó en Fataga. Y la emoción fue inmediata.

«La impresión al salir fue bestial». Así resume Ismael Guerra su regreso al volante. Después de una década sin competir como piloto —aunque siempre ligado al automovilismo como copiloto junto a Iván Armas, padre e hijo, en distintas ocasiones y al volante de máquinas como el BMW M3 y el Porsche —, el piloto afrontaba un reto muy diferente: volver a ponerse el casco, cerrar la puerta del 335i y atacar una carretera que conoce como pocas.

El coche llevaba más de un año esperando este momento.

Guerra adquirió el BMW en fase de montaje y puso en marcha un proyecto de gran envergadura, tanto por el trabajo necesario como por la importante inversión económica. Un desafío que tomó forma en las instalaciones de YHM Motorsport, bajo la dirección de Yeray Hernández, responsable de una preparación integral que permitió convertir el sueño en una máquina lista para volver a competir.

«No es fácil sacar adelante un proyecto de esta envergadura en lo económico y en los tiempos que corren, pero aquí estamos», explica Guerra.

El objetivo era claro: empezar a probar. Conocer el coche. Recuperar sensaciones. Y, sobre todo, disfrutar. Porque había una cuenta pendiente.

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DIEZ AÑOS DESPUÉS, DE NUEVO AL ATAQUE

La jornada del viernes fue de adaptación. Sin margen para los excesos. Tacto con el coche. Frenadas. Reacciones. Sensaciones. Todo era nuevo. Después de más de un año de preparación y con apenas tres vueltas de rodaje acumuladas, Guerra afrontaba el regreso a Fataga con una mezcla de respeto, ilusión y adrenalina.

El escenario no podía ser más especial. En casa. Con amigos. Con la familia. Con la afición. Y con un BMW 335i esperando respuestas. «Nos tomamos el viernes para tener tacto con el coche y hacernos a las frenadas, al tacto, a las reacciones…», recuerda el piloto.

El sábado llegó el momento. Casco puesto. Motor encendido. Gas. Y diez años de espera quedaron atrás en cuestión de segundos. «Después de diez años me subía al coche en casa. Te puedes imaginar. La impresión al salir fue bestial. Todo el recorrido y, dentro de mis posibilidades, fue increíble». La conexión fue inmediata. «Éramos casi amigos el coche y yo».

Una frase que resume a la perfección el reencuentro. La velocidad regresó. También la confianza. El BMW respondió. Guerra atacó. Y durante esos primeros kilómetros, piloto y máquina parecieron recuperar de golpe una relación que llevaba demasiado tiempo esperando.

LA CARRERA FRENA. LA PASIÓN, NO.

Pero en el automovilismo, la velocidad siempre exige una respuesta. Y esta vez llegó en forma de problema mecánico. A mitad de la primera oficial, el BMW sufrió un contratiempo en el sistema de frenos. Las pinzas traseras se bloquearon y los bombines comenzaron a perder líquido. Fin de la batalla. Al menos por esta vez.

El resultado deportivo quedó condicionado por la avería, pero la sensación del regreso permaneció intacta. Porque para Guerra, Fataga no era únicamente una competición. Era el primer capítulo de una vuelta a la competición que llevaba años esperando.

«Muchos años el coche parado, pero eso», explica con la satisfacción de haber vuelto a sentir la competición. Y si algo no falló fue la afición.

La respuesta del público convirtió el regreso en algo todavía más especial. El cariño. El apoyo. Los mensajes. La gente que estuvo detrás del proyecto. Todos los que empujaron para que aquel BMW volviera a rugir. «Increíble el cariño de la mejor afición del mundo. Es con lo que me quedo».

El BMW tendrá que volver al taller. Habrá que revisar, corregir y preparar. Pero el mensaje ya está lanzado. Ismael Guerra ha vuelto.

Y después de diez años, el piloto grancanario ya sabe exactamente lo que le faltaba. Velocidad. Adrenalina. Y volver a competir.

Pronto volveremos.

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