Raúl Carro y Miguel Reverón lo hemos logrado

Carro – Reverón con el Audi Sport Quattro S1 E2 hacen realidad su sueño en la 8º Subida Palo Blanco

Tengo 33 años, llevo toda la vida esperando este momento. Me subo al coche  de mis sueños ya con el casco puesto, a mi lado, mi copiloto, novato al igual que yo. Tengo delante de mi a mis mejores amigos, arranco el motor, la vibración de este sube por todo el cuerpo y notas una sensación extraña, algo a lo que no estás acostumbrado.

Pongo la 1°en una caja de cambios en H, el «clock» que hace al engranarla te hace sentir inferior al coche. Mi amigos me desean suerte y estoy seguro que rezan por nosotros. Salgo lentamente de la asistencia mientras los demás equipos me saludan y me desean suerte, llevo el pie izquierdo sobre el freno para calentar lo máximo posible las pastillas durante esos 300 metros.

Llego a 50 metros de la salida, todo el mundo me mira, me da un poco de vergüenza porque entiendo que lo que estamos haciendo no es normal, no se debe debutar en competición con un Audi Sport Quattro S1 E2. Cuando los comisarios me indican que vaya hasta la salida, repaso mentalmente cada parte del coche, la temperatura de las ruedas, las presiones, las suspensiones, los frenos, miro esos relojes antiguos VDO y veo que el motor está a 87°, la presión de aceite a 3.5 kg…


Me indican que me ponga en la salida, llego muy despacio, el cronometrador me dice «cuando se ponga en 0» ya no hay vuelta atrás, mi copiloto me recuerda los primeros metros de recorrido. 15 segundos me dice, cuando faltan 10 conecto el ALS y me mantengo sereno, 5,4,3, pulso el Launch Control para dosificar la potencia en la salida (ya solo escucho a Miguel, mi copi) 2, 1….

Cuando suelto el embrague es como si un jugador de Béisbol me diera con el bate  en toda la frente, nuestras cabezas quieren salirse por la parte de detrás del sillón, es terrible la aceleración de este motor… Ya dentro del tramo dosifico, freno mas de lo lógico, necesito llegar arriba con el coche intacto, pero intento comprender su funcionamiento, no da tregua, las rectas de 100 metros pasan en 1 segundo, ignoro por completo como es el agarre de un neumático de competición, no entiendo las inercias del coche, no asimilo las frenadas… pero pongo todas mis energías en ir controlado y sin cometer errores.

Veo a cientos de personas animándonos, a los aficionados en pie y aplaudiéndonos, mientras yo apenas soy capaz de dominar al 10% esta bestialidad. Paso meta, tengo los brazos cansados de la presión que necesito ejercer para ir por lo negro, quito el ALS, respiro… respiro pero con alta frecuencia, no es un coche normal pienso para mi… mientras vamos despacio recibiendo el afectuoso aplauso de los demás competidores, pienso: «lo hemos logrado» Señala Raúl Carro

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