‘Farola del Mar’, un tributo al automovilismo

La Farola del Mar sirvió de guía desde el año 1863 en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, convirtiéndose en una seña de identidad del pueblo santacrucero. Hoy en día es el mejor reconocimiento y tributo que puede rendir el automovilismo deportivo de la isla hacia personalidades, entidades o empresas por su aportación a este deporte del motor. Recopilamos su historia.
El mundo del motor en las islas ha sido una de las modalidades deportivas de mayor arraigo y tradición, desde sus inicios y hasta el día de hoy. A la incuestionable calidad de centenares de deportistas de nuestra tierra, se le ha sumado un legado de oficiales altamente cualificados, así como instituciones, empresas colaboradoras, etc. La participación de todas ellas, de una forma u otra, ha consolidado al deporte de motor como auténtica referencia en nuestra región y con una reputación sobresaliente fuera de ella.
Ante el deseo de agradecer el desempeño de todos ellos, la federación consideró la entrega de un galardón que rindiera el merecido tributo y se escogió la gala de entrega de trofeos como lugar apropiado para ello. A continuación, esta federación ha recopilado toda la información que ha podido estar en su mano al objeto de documentar y dar posteridad al más importante de los galardones de nuestra institución.
La primera Farola del Mar se entregó durante el mandato como presidente de la federación de Manolo Ramos en el año 1996, quien recuerda que “ese galardón se creó con el ánimo de agradecer a mucha gente que trabajaba por el automovilismo y no eran deportistas que cada final de temporada recogía su trofeo; trabajadores muchas veces en la sombra que no recibían de forma alguna el reconocimiento público por su labor”. Se escogió la Farola del Mar como figura representativa de la sociedad tinerfeña, ya que como ciudad que miraba al mar y el carácter isleño, se tenía en el puerto la vía de entrada y salida de nuestro comercio, también de ilusiones.
Tras Ramos, fue Félix Cuesta quien tomaba las riendas de la FIASCT en el año 1999, permaneciendo en la presidencia hasta el 2006. Tanto él como su equipo de gobierno consensuaron cada una de las ‘Farolas’ entregadas: “teníamos claro cuál era el significado de la Farola del Mar y lo más difícil era llegar al acuerdo cada temporada, porque había años en los que debíamos agradecer mucho a mucha gente. Eso sí, todas –absolutamente todas- fueron muy merecidas; ojalá hubiésemos podido entregar dos o tres por gala (sonrisas).”
Benito Rodríguez, presidente de la entidad interinsular entre los años 2006 a 2018, recibió de Cuesta el testigo de un galardón ya consagrado y en su recuerdo permanece “la solemnidad y arraigo que caracteriza el galardón, con el que durante mi presidencia en la FIASCT reconocimos la labor de grandes personas. Porque, aunque muchos de ellos y ellas representaban a instituciones o empresas, estas siempre tienen como mejor valor el humano. Confío en que la Farola del Mar siga siendo durante muchos años más la insignia del deporte tinerfeño.”
Por su parte, Francisco Negrín presidente desde finales de 2018, elogió “las acertadas entregas que los anteriores presidentes han hecho durante todos estos años, donde el automovilismo ha pasado por muchos escenarios desde aquel 1998. Por nuestra parte no queda más que velar por este legado.”
La Farola del Mar, año a año.
La primera fecha que ha podido datar la FIASCT corresponde al 3 de enero del año 1996, cuando durante la Gala de Entrega de Trofeos de la temporada 1995 se entregaba la Farola del Mar al oficial Pablo Estévez. La siguiente entrega que hemos podido fechar corresponde al año 1998, cuando el 30 de enero se entregaba al piloto Melchor Dávila. Como documento histórico de gran valor, adjuntamos la nota que leyó el presentador de la entrega, Antonio de León Évora.
De nuevo saltamos un año, hasta el 2000, para encontrarnos la entrega de la Farola del Mar a Ángel Ramos, propietario de Auto-Laca Competición. En el 2001 el preciado tributo se hizo la ‘Afición Tinerfeña’, un guiño a la más popular de cuantas aficiones al mundo del motor haya en todo el país.
En el año 2002 se reconoció la labor de Manuel Sevillano (DEP), pues gracias a él se escribieron las páginas de oro de nuestro automovilismo con el patrocinio de la firma de tabacos Marlboro. En 2003 llegaba el tributo a una leyenda de nuestro automovilismo, Juan Farizo, aún en la actualidad presidente del Real Automóvil Club de Tenerife.
Al año siguiente, en 2004 y como en todas las ocasiones coincidiendo con las entregas de trofeo de la temporada deportiva anterior, fue el Diario de Avisos como cabecera quien recogía el galardón, haciéndolo de manos de uno de sus redactores de motor, Álvaro Díaz. En 2005 se entregó a Ulises Noda, director de marketing de Toyota Canarias, por su decidido apoyo al mundo del motor.
En el año 2006 la Farola del Mar recaía en un representante de un organismo institucional, como fue Juan Gorrín, alcalde del municipio de Santiago del Teide. Ya en 2007 el galardón fue a manos de un oficial y organizador infatigable, José Rodríguez “Pepe”.
En el año 2008, el Palacio de Congresos ‘Magma’ de Playa de Las Américas, acogía la entrega de trofeos de la temporada previa y entregaba la Farola a Juan José Alonso, editor y director de la revista Motor 2000. En el 2009 recogía el galardón Vicenta Díaz (DEP), entonces Consejera de Carreteras, Cooperación Municipal y Vivienda del Cabildo de Tenerife.
En el año 2010 y por segunda vez en su historia, la Farola del Mar iba para un deportista. Juan Luis Cruz recogía el galardón. Al año siguiente, en 2011, la federación reconocía la labor del Técnico del Servicio de Carreteras del Cabildo de Tenerife, Tomás García.
Fue en 2012 cuando se rendía homenaje al colectivo de la Guardia Civil por su destacada labor en pro del desarrollo de las pruebas automovilísticas, siendo recogido por Benito Monzón, Teniente Coronel. Idéntico reconocimiento al año siguiente, en 2013, pero esta vez en la figura de Ricardo Arranz, como Coronel Jefe de la Guardia Civil.
La empresa canaria Grupo Cabrera Medina fue la merecedora de la Farola del Mar en el año 2014, siendo recogida por Mamerto Cabrera. Un justo reconocimiento a una labor en pro del automovilismo que aún a día de hoy se prorroga. En 2015, el antiguo oficial y ahora historiador del automovilismo, Armando Sigut fue el homenajeado.
En el año 2016, de nuevo un deportista era quien recibía la Farola del Mar, en esta ocasión Francisco Saavedra, mientras en 2017 la Consejera de Deportes del Cabildo de Tenerife, María del Cristo Pérez, era la merecedora de tan preciado galardón.
En el año 2018, durante una singular gala de entrega de trofeos celebrada en el interior de un barco crucero, fue Domingo Trujillo quien recibía la Farola del Mar, antiguo presidente de la federación tinerfeña y también de la Escudería Anaga.
En 2019 se distinguió a la figura de Francisco Martín “PJ”, piloto y organizador. Finalmente, y por vez primera en una gala de trofeos que se celebraba en el mismo año natural del que se entregaban los galardones, fue Jesús Mena “Suso” quien recibía la que hasta hoy es la última Farola del Mar. Sus múltiples facetas como deportista, oficial y colaborador de la federación le han hecho merecedor de tal distinción.
Transcripción de la carta leída durante la entrega de la Farola del Mar a Melchor Dávila.
No se nos ocurre mejor forma de resumir la esencia de la Farola del Mar que mediante la carta que enunció Antonio de León Évora en enero de 1998, justo antes de serle entregado el galardón a Melchor Dávila.
“Buenas noches. Quisiera antes agradecer la confianza que han depositado la Federación Tinerfeña al solicitar una vez más mi colaboración en la presentación de la persona merecedora de la máxima distinción federativa.
Le conocí en la campiña de Aguagarcía, en septiembre de 1971. Hubiera sido el día de su debut. Tenía un malhumor de perros porque su Fiat 124 Spider, aún con placa extranjera, no podría tomar la salida por contratiempos técnicos. Siendo ésta una de las pocas ocasiones en que protagonizaría una incomparecencia pues, años después, en 1973 en el Socorro, iniciaba ya una fructífera trayectoria procurando, por todos los medios, de no fallar en ninguna prueba pues, como nos comentó en muchas ocasiones, lo consideraba una falta de respeto para los aficionados y compañeros de competición.
Desde un principio, y con semejante forma de pensar, la personalidad de este piloto me llamó enormemente la atención no solo porque considerase una descortesía que su nombre formara parte de inscripciones fantasmas sino que su filosofía deportiva la compaginaba dentro y fuera de las pistas hasta ligarlas íntimamente. Excelente relaciones públicas, siempre mantuvo un exquisito trato para sus numerosos patrocinadores reglajando sobre ellos una imagen carismática (que hoy sigue conservando), sincera y, por ende, beneficiosa para los intereses publicitarios, incluso, en actuaciones deportivas desfavorables. Afable y desprendido con sus compañeros, riguroso sobre los aspectos técnicos de sus vehículos a tenor de las homologaciones pertinente y, sobre todo, exigente consigo mismo en los aspectos de imageny conducta, este gombre proyectaba sin querer su personalidad y valores sobre un colectivo de piloto que, instintivamente, le seleccionaban como coordinador de sus inquietudes. A nadie extraña, por tanto, que haya sido candidato en más de una ocasión para presidir la tan comentada Asociación de Piloto. Todas estas circunstancias no pasaron desapercividas para la Federación al proclamarle en 1977 Mejor Deportista del Año, una de las siempre polémicas decisiones federativas pero que en aquella ocasión contentó a la mayoría de los aficionados. Doce años después, en 1989, la Federación refrendaba aquel nombramiento distinguiéndole “por la labor y trayectoria deportiva de toda una vida”.
Siempre sintió una predilección especial por la Montaña aunque participó en todas las modalidades programadas hasta casi doscientas carreras, incluyendo actuaciones peninsulares. Se adjudicó la victoria absoluta en once ocasiones proclamándose Campeón Provincial de Rallye y Montaña. Ha conseguido 19 Campeonatos Provinciales por Grupos –cifra récord- y siempre fue requerido para militar bajo los colores de práctiamente todas las escuderías habidas en la provincia desde el día de su debut, crcunstancia que confirma el carisma de su personalidad.
En 1975, en El Bailadero, fue protagonista de una de las primeras (y por tanto, esperpénticas y tremendiastas) reclamaciones técnicas que se producían en la región. Le reclamaron la ilegalidad en la cilindrada del motor. Sin atisbo de malhumor o resentimiento hacia el reclamente, horas después los comisarios técnicos demostraban la confirmidad del cubicaje por lo que nuestro hombre ganaba muchos enteror ante sus compañeros forjándose, desde entonces, una imagen de corrección y deportividad que hoy perdura. Pero desde incluso antes de que se produjera aquel hecho, nunca le he visto enojarse más que consigo mismo. Ha respetado a sus compañeros porque concibe el automovilismo en un marco puramente deportivo. Lo trata de vivir intensamente en un plano estrictamente deportivo. Donde la afabilidad y cortesía impere sobre lo mecánico e irracional. Nunca fuera de otro contexto que no sea el que esté acompañado por el sano placer que puede emanar una distendida reunión de amigos. Reconocido gourmet, nuestro hombre es un sibarita del buen gusto y de los gratos momentos de camaradería que antepone siempre, inexcusablemente, a las tediosas sesiones de los entrenamientos particulares. Recuerdo en múltiples ocasiones, sin dudarlo un instante, salvaguardar una buena tertulia deportiva que sacrificarla por los aspectos técnicos de una carrera. Para desesperación, naturalmente, de sus sufridos copilotos… Porque para él, y por encima de todo, el automovilismo deportivo es sinónimo de amistad, cordialidad, compañerismo y un afán por el buen gusto y distinción. Los otros aspectos del deporte son ya sobradamente conocidos para los entusiastas de los tecnicismos. Y para él, están en un segundo plano.
Hace unos treinta años, en Alemania, sufrió un aparatoso accidente cuando probaba un vehículo de competición en un circuito próximo a su lugar de residencia. Durante el largo período de convalecencia, aprovechó la habilidad de sus manos para esculpir el barro y moldear esculturas, y soñar miesntras con un futuro de ilusiones deportivas ahora colmadas y gratificantes…
Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces y muchas las anécedotas vividas por un hombre a quien tengo el honor de presentar en este escenario, en nombre de la Federación Tinerfeña, como el piloto que en esta temporada será el primero en la región de haber competido ininterrumpidamente, durante 25 años, en las siete Islas Canarias y fiel, siempre, a una marca automovilística.
Compañeros del deporte, recibamos a un querido y respetado caballero del automovilismo tinerfeño, Melchor Dávila!…”

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